Este pueblo fue,
durante la Guerra Civil, a lo largo de 1936-1939, zona de frente
de combate, motivo por el cual constituye una de las poblaciones
cacereñas que más sufrió los efectos de la contienda y la única
momentáneamente recuperada por la República tras la
estabilización de las líneas. Después del 18 de julio, fecha
del levantamiento militar, continuó durante varios meses en
poder de las fuerzas republicanas, quienes llevaron a cabo
numerosos saqueos de domicilios, requisas de ganado, diversos
atropellos, etc., sin olvidar la destrucción de imágenes de la
iglesia. El 3 de octubre de 1936, después de fuertes
enfrentamientos entre fuerzas de uno y otro bando, fue ocupado
por las tropas franquistas, lo que no implicó que los desmanes
en el pueblo desaparecieran. A pesar de que el control de la
localidad durante varios meses corrió a cargo de las tropas
nacionales, en determinados períodos en que los republicanos
acentuaron sus ataques, Carrascalejo quedó en terreno de nadie,
con toda la carga de incertidumbre e inestabilidad que ello
llevaba consigo.
El 5 de abril de 1938, tras
fuertes enfrentamientos entre ambas facciones en pleno casco
urbano, los republicanos, después de un intenso bombardeo en el
que derribaron parte del campanario de la iglesia, ocuparon
Carrascalejo. Se da la circunstancia de que, ante la dureza del
combate, el vecindario se refugió en la iglesia y a causa del
derribo citado fallecieron dos personas. El pueblo estuvo en su
poder 3 ó 4 días, registrándose el día 8 una confusa muerte (suicidio
debido al miedo o asesinato a manos de las fuerzas republicanas),
por disparos de arma de fuego, del alcalde nombrado por las
fuerzas de Franco y toda su familia (mujer y cuatro hijos) en el
propio domicilio familiar.

Esta
casa
del
pueblo,
aún
conserva
restos
que
dan fe
de los
enfrentamientos
que
existieron
en
Carrascalejo
durante
la
guerra
civil.
En las
fotografías
se
puede
ver
que
las
rejas
tienen
desperfectos
ocasionados
por
armas
de
fuego.

GUERRA CIVIL EN LA PROVINCIA DE CÁCERES
(Enlace enviado por Antonio Rodríguez, amigo estudiante de Historia en Cáceres)